La crisis del Covid-19 ha ocultado durante todo el año pasado muchos de los grandes problemas que tiene el planeta y uno de los más acuciantes, sin ninguna duda es el Calentamiento Global, provocado, en gran medida, por nuestra forma actual de producir y consumir energía.
Multitud de políticos y de científicos reclaman la puesta en marcha de un Green New Deal como una herramienta más a la que recurrir para salir de esta situación, emulando al célebre New Deal que el Presidente de EEUU Franklin D. Roosevelt impulsó en la década de 1930 para sacar a su país de la Gran Depresión. La puesta en marcha del Plan de Recuperación para Europa plantea entre sus objetivos lograr la descarbonización de la economía del continente. Así mismo, la Administración Biden de los EEUU también parece marcarse metas ambiciosas en cuestiones de energía y medio ambiente.
Si estas y otras iniciativas similares se materializan, las energías renovables van a jugar, sin duda, un papel clave para lograr, no ya solo impulsar políticas que permitan mitigar el terrible impacto del virus sobre la economía, si no también encaminarnos hacia una verdadera transición energética para lograr esa ansiada descarbonización. Pero, para tratar de entender la magnitud de lo que se pretende hacer y para tratar de situar ese enorme reto en un marco histórico más amplio, es conveniente entender (y recordar) que ya ha habido otras transiciones energéticas en el pasado, motivadas por factores diversos. A repasar esa historia está enfocado el contenido de este artículo.
LA ENERGÍA Y LAS TRANSICIONES ENERGÉTICAS EN LA HISTORIA
La Energía está detrás de todos los grandes cambios económicos que han ocurrido a lo largo de la historia y en especial, de los sucedidos en los dos últimos siglos. Las tres grandes revoluciones industriales que han transformado el mundo durante los últimos 250 años han sido alimentadas por diversas fuentes de energía, de manera que cada revolución ha llevado aparejadas, de una parte, modificaciones y diversificaciones del mix energético y de otra la aparición de nuevas fuentes de energía, que han supuesto la seña de identidad de cada una de ellas.
La Primera Revolución Industrial, ocurrida desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX, se alimentó mediante el carbón que permitió el uso de la máquina de vapor; la Segunda, transcurrida durante la primera mitad del siglo XX lo fue por el petróleo que movió los motores de combustión interna y la Tercera, desde el final del siglo XX hasta hoy en día, que ha traído el auge de la electrónica y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, está alimentada además del petróleo, por el gas y de manera todavía incipiente por las energías renovables. Esta Tercera revolución parecía destinada a ser impulsada por la energía nuclear, pero debido a los elevados costes de instalación y mantenimiento de las centrales que usan el uranio como combustible, unido a los graves accidentes de Three Mille Island en 1979, Chernobil en 1986 y Fukushima en 2011, han relegado a esta energía a un papel secundario en gran número de países que en su día apostaron por ella. Esta es una de las razones por las que el mix energético no ha cambiado sustancialmente desde los años 1970-1980.